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  • Pablo Galván

¡Vuela más alto!

Actualizado: 20 dic 2022

Volar alto es una actitud que yo describiría como la capacidad que te permite ir por la vida deslizándote sobre valles y montañas, lagos y desiertos, dichas e infortunios, experiencias y lecciones, a un nivel donde si bien puedes percibir the whole picture y la naturaleza de sus elementos, también mantienes una distancia que no permite que te afecten. Los ves desde arriba y eres tú, solo tú, quien decide dónde reparar, dónde bajar la velocidad y donde incluso parar. SKYLINER, para todo fin, fue un vuelo así.



Tener a bordo a Rosy y Álvaro fue un recordatorio de por qué amo mi trabajo: cuando la vida te premia con clientes como ellos y logras servir a sus propósitos con todo y las pruebas que uno debe superar en el camino, toda tarea se vuelve automáticamente un verdadero deleite.


Hay un dicho que dice en inglés: "Smooth waters don´t make good sailors" - Las aguas mansas no hacen a los buenos marineros. Y sí, efectivamente, reconozco que cuando hemos tenido pruebas difíciles en el camino, situaciones tempestivas, momentos incómodos, y clientes especiales, emergen las más grandes lecciones. Rosy y Álvaro por muy cool que hayan sido, no quedaron exentos de pasar por pequeñas turbulencias en su proceso, que nos hicieron cuestionar importantísimos detalles del talento más importante: el humano.


Verás, en el vuelo de un ave, por muy determinada que sea su trayectoria y constante su velocidad, existen elementos que pueden hacerle virar en cualquier momento e incluso cambiar por completo su rumbo, ya si no el destino. En su caso, los elementos naturales como una tormenta pesada, el granizo, un depredador amenazante e incluso maquinaria humana y tecnológica pueden lograr esto. El ave es bastante sabia para considerar resguardarse de los peligros, cambiar su dirección o mantener el vuelo a sabiendas de poder superar esos obstáculos. Incluso dentro de su parvada, mantiene una perfecta coordinación con sus semejantes para nunca chocar entre ellos por muchas vueltas o piruetas que hagan.


Si nunca has visto las famosas murmuraciones de los estorninos, unos pájaros muy peculiares, te sugiero que los busques. Es un fenómeno verdaderamente mágico, que revela una mente colectiva formada por todas esas pequeñas grandes voluntades aladas, y que tiene como fin principal proteger a sus integrantes contra aves rapaces. Para moverse con semejante coordinación, debemos considerar que no existe un líder como tal que marque la dirección en la que volarán. Al contrario, cada pájaro es capaz de tomar el rumbo pertinente si así lo conviene e influenciar alrededor de seis o siete aves a su alrededor para que estos cambien a su vez e influyan en cuestión de milésimas de segundos en sus otros seis o siete vecinos para pasarles la estafeta, y así lograr el vuelo que conocemos como murmuraciones.


El ser humano, por otro lado, funciona de manera distinta. Nacemos con instintos poderosos pero optamos, y sobre todo en estos tiempos, por depender de herramientas y utilería extrínseca a nosotros, para determinar muchas de las cosas que marcan nuestro camino y obrar. Y, sin darnos cuenta, le restamos importancia a nuestro instinto para saber y sentir cuándo bajar el ritmo, cuando detenernos un poco, cuando ser más agresivos en nuestro proceder y, por qué no, cuando volar alto.


La coordinación que un ser humano pueda tener con sus semejantes, sean de su equipo o sus proveedores, puesta bajo la lupa de la organización de eventos, puede ser algo maravilloso e increíble cuando desglosas y haces consciencia sobre las tantísimas cosas que forman una boda conceptual. No es broma cuando digo que por boda nuestro equipo realiza en promedio 334 tareas. ¡Es un mundo de trabajo detrás de lo que uno puede tan solo apreciar durante las ocho o diez horas que dura la boda!


Como líder de la marca, uno libera órdenes, crea departamentos, segmenta tareas y posiciones y lleva el manejo de los hilos; el equipo atiende, apoya, responde, reacciona y previene. Como equipo, trabajamos de la mano de nuestros proveedores para lograr los resultados espectaculares; ellos ejecutan, crean, desarrollan y cumplen. Durante mucho tiempo previo y durante la boda, parecemos esa gran parvada de estorninos, volando alto y dando vueltas y piruetas en la misma dirección y bajo la misma coordinación.



A diferencia de estas aves, existen líderes entre esa masa de voluntades que marcan la pauta sobre las acciones a tomar. Pero, en similitud a esos estorninos, las acciones de unos afectarán directamente a sus vecinos cercanos para influenciar el resultado. En las murmuraciones, los más lentos en el vuelo serán los primeros en ser capturados. En las bodas, serán los que detonen las fallas de un trabajo grupal.


SKYLINER, el concepto de Rosy y Álvaro, inspirado en las siluetas luminosas de una ciudad vista por lo alto, con sus grandes rascacielos y sus líneas de tráfico, fue una murmuración. Una experiencia que me recordó que el control no lo tengo yo, ni mi equipo directo, muchos menos mis clientes, por mucha presión que podamos ejercer sobre las voluntades participantes. La ilusión del control nos hace esclavos de una noción de destino que realmente no está en nuestras manos. Podemos influenciarla, sí, pero no podemos pautar al pie de la letra cuándo y cómo queremos las cosas.


Lo que sí está en nuestro control es la actitud que tomamos para con estas situaciones. Podemos dejar que nos afecten tanto como lo permitamos nosotros mismos o elegir volar alto. Volar sobre un todo y agradecer que, al final del día, la meta se cumplió. Que por muchas o pocas turbulencias que hayamos pasado y detalles hayamos encontrado, SKYLINER se levantó luminoso y espectacular sobre la noche. Y Rosy y Álvaro, los responsables de haberlo inspirado, así lo decidieron: volaron alto sobre un proceso increíble y un resultado que por mucho tiempo recordaremos por sus impactantes vistas y momentos muy cool.


Yo, por mi parte, pude vivir esta experiencia desde ambos lados, tanto de planner como de invitado. Pocos sabrán que el señor SKYLINER es hermano de la señora CITY-ZEN, y la señora CITY-ZEN es amiga de la señora NEW ORLEANS MANOR. Ver a todas estas caras tan queridas, reunidas, bajo un solo techo es una de las joyas mas preciadas de mi trabajo que yo decido valorar, y los SKYLINER, sin duda alguna, pasaron a ser estrellas de esta constelación tan especial para mí.





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