• Pablo Galván

Ganes o pierdas, la ruleta está en tus manos.

La vida es una constante carrera cuesta arriba, o lo es al menos para mucha gente con la que me topo. Solemos atribuir las cosas buenas que nos pasan a la suerte. Pero pocas veces hacemos consciencia sobre el poder tan grande que uno logra cuando pone el ojo en la mira y se mantiene firme a pesar de las pruebas, tempestades y obstáculos que en el camino a la meta puedan aparecer.


Empezar un proyecto en aras de generar un rendimiento, un resultado, suele ser la parte más difícil del proceso. Si somos lo suficientemente fuertes para aventurarnos en la tarea, eventualmente encontraremos calma y plenitud cuando la primera cuesta arriba haya sido superada y al frente se abra una planicie que nos invite a disfrutar momentáneamente la victoria, descansar tras los esfuerzos realizados y preparar la estrategia de la segunda vuelta, con suerte, hacia un destino más alto.


En el camino encontraremos ángeles y demonios. Los primeros nos extienden una mano amigable, una inspiración para seguir y un soporte para continuar por muy tempestuoso que resulte el camino. Los segundos, para enseñarnos valiosas lecciones sobre lo que debemos reconsiderar y aprender en cuanto a nuestras convicciones y movimientos.


Al final del día, quien decide si subir una cuesta o no, tomar una mano amigable o no, o ignorar los aprendizajes del camino, somos nosotros mismos. Nadie nos obliga a soportar cargas que no nos interesan o placeres que no nos vengan a gusto. Somos nosotros quienes poseemos la responsabilidad única y completa de dar el primer paso, superar las pruebas del camino y disfrutar los frutos de la adversidad. Del mismo modo, todo lo contrario.


Sin embargo, no olvides que el propio camino nos hace cambiar. Así como nos permite evolucionar para convertirnos en esos seres capaces de tomar aquello que el mundo nos manda y sacar el mejor provecho de ello, también puede corrompernos y transformarnos en personas que antaño desconoceríamos. De una u otra manera, es preciso revisar el enfoque que se use para asimilarlo, porque fácil sería decir que si todo marchó viento en popa, la buena fortuna sería a quien honor se deba, y si mal resultara todo, lo maldito de nuestro obrar. En ambos casos, el poder está fuera de nosotros y mientras así lo veamos, seguiremos siendo espectadores, incluso víctimas, de una vida que nos rebasa.


Ilse y Alexis, en ROULETTE, me enseñaron lo contrario. Se presentaron en mi vida como el ejemplo perfecto de guerreros empoderados, responsables de sus circunstancias y sus obrares.


Cuando yo los conocí, interpreté sus deseos de tener una boda espectacular como algo normal dentro de la línea de clientes que he tenido la fortuna de atender...


¿Ven? Incluso yo acabo de atribuir mi maravillosa clientela a un aspecto extrínseco de la suerte, de la fortuna, cuando en realidad es todo lo opuesto. Hoy en día estoy muy consciente de que si estos clientes me han llegado, sean los R.M.S. VERANDA, los SANTUARIO DE ESTALACTITAS, los CHATEAU, los LIGHTHOUSE, los PONTEVENTO, los BABILONIA, los CITY-ZEN, los VOYAGE, los ESTEREOTOMÍA, los NEW ORLEANS MANOR, los HAPPY HOPPY FLORA, los AMAPOLA, los SWAN BALL, por listar unos cuantos, es por razones que no se limitan a una buena publicidad, un producto creativo o un servicio de primera. Hay algo más allá de eso, pero dejaré este tema para otro artículo en particular.


De vuelta con el señor y la señora ROULETTE, la comanda estuvo pautada por lo habitual de una gran producción: abundantes flores, contenidos musicales complejos, buena comida, ambientaciones de ensueño.


-Sea como sea, pero que sea de impacto, Pei -me diría mi querida Ilse.


No obstante, cuando empecé a conocerlos, en particular durante la fase de ambientación, donde las historias personales relucen y los bagajes de cada quien se confrontan, la imagen me resultó mucho más clara.



Viniendo de un pasado ciertamente distinto a la actualidad, Ilse y Alexis se forjaron camino a través de obstáculos, sacrificios, pruebas y lecciones, para convertirse al día de hoy en la pareja tan sólida y poderosa que yo presencié. No siempre fue un camino de rosas por oler, sino un camino donde sembrar esas rosas. Ganaron en momentos y perdieron en otros, y aún así, permanecieron a flote. Se mantuvo la ilusión de un futuro prometedor, la emoción de experiencias inimaginables, la satisfacción de una pareja que lo valiera y la esperanza de una vida plena.


No tuve la fortuna -y ahora sí fortuna, puesto que nuestros caminos no estaban destinados a cruzarse en ese entonces- de conocerlos en aquellos tiempos, pero me da el mayor de los gustos ver que a través de sus distintas etapas y aquella en la que actualmente se encuentran, dejando a un lado el espectáculo o parafernalia que una boda como ROULETTE pudiera suscitar, la calidez de sus personalidades y la bondad de sus corazones, siguen presentes en todo momento.


Es raro que alguno de mis clientes no experimente una pequeña turbulencia, por mínima que sea, en su proceso de boda, ya sea causada por familiares, proveedores, situaciones externas e incluso errores internos. El cómo la sobrellevan habla mucho ellos, dice todo de sus esencias. Ilse y Alexis, no ajenos a esta verdad, brillaron en este departamento. No por arremeter contra el mundo o querer imponer caprichos, sino por discernir en cuanto a las batallas que sí les correspondían y aquellas otras en las que no quedaba otra opción más que confiar los ángeles de su camino, en las manos amigables, tendidas y dispuestas a ayudarlos.



ROULETTE fue una gran apuesta sobre la mesa. Una boda maravillosa que resume las vueltas de la vida y las diferentes casillas en las que uno va cayendo a través de su camino. Sea roja (dorada) o negra tu casilla, el cómo sobrellevas tus pérdidas y celebras tus victorias, te pondrá por encima de todo. Y sólo así, quizás solo así, entiendas que la ruleta no está en manos de alguien más para venir a girarla y cambiar tu vida, sino en tu mismo centro. Una vez que lo encuentres, habrás ganado toda apuesta.


















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